Hipertelia es un cuaderno colectivo de filosofía
Hipertelia es un cuaderno filosófico, un espacio digital de escritura donde los argumentos y conceptos explotan su potencia ensayística, dinámica y abierta. Lo que se busca es una escritura filosófica alternativa a la que se produce según las rígidas constricciones del formato académico, mas sin por ello pretender ignorar la dificultad y seriedad propias de todo auténtico ejercicio del pensar. Justo porque el compromiso es con el pensar, es preciso distanciarse un poco de la estructura escolar. Textualmente, Hipertelia busca captar ese breve intervalo en el que el pensar se vuelve escritura y la escritura despliega el pensar. Ese momento de excedencia —o, incluso, extrañamiento— entre la idea y el concepto, donde el pensar y la escritura no seccionan e identifican, sino que se realizan en su capacidad relacional y su potencia asociativa.

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Manifiesto por una escritura potencial.
Si existe un pensar que no sea un simple arreglo entre materia y forma, ya sea pensado bajo la relación entre conceptos e intuiciones o entre una estructura trascendental y un contenido empírico en general, existe entonces, también, una forma de escritura adecuada a este pensar: una escritura cuya operación no consista en la aplicación de una forma determinada a un contenido pensado. Definitivamente, este pensar no es conocimiento, ni la escritura la expresión de este conocimiento. Pero, la cuestión aquí, no es definir qué es este pensar y esta escritura, sino qué tipo de relación habita en ellos y cómo se relacionan mutuamente. Si decimos que este pensar y esta escritura son adecuados ¿No seguimos pensando la naturaleza de la relación bajo el paradigma hilemórfico, como si estuviesen ya dados dos términos y la única tarea consistiría en mostrar cómo se entienden? La hipótesis que apunta hacia un pensar y una escritura que sean, respectivamente, algo más allá que un arreglo entre una materia y una forma, puede que quizá tenga su resolución si llegamos a pensar la relación misma entre pensar y escritura fuera del modelo hilemórfico. Esta es una apuesta por este si, por ese acaso, por ese quizá para el pensar y la escritura.
¿Qué puede la escritura sin la imposición de una forma externa? Si dejamos al pensar sin guía y a la escritura sin un principio externo que se le imponga ¿no recuperan ambos su propia potencia? ¿no se afirman con mayor fuerza? Pero sobre todo, quizá la mayor ganancia de esta apuesta es que ambos puedan recuperar su continuidad a través de una prolongación afirmativa de su doble potencia. Una escritura que sea devenir: devenir del pensamiento que es devenir de escritura. Así como la poesía serialista ha abandonado la búsqueda de la forma estática, el privilegio de la forma final, constituida y terminada; y la ha intercambiado por el proceso, por mostrar la poesía como ejercicio, como una construcción con sus materiales expuestos e inacabados (el serialismo con sus metáforas, con el proceso de construcción de la metáfora, con el ejercicio: como Eso de Inger Christensen que camina del eso indeterminado a lo uno impersonal, donde el contenido es completamente coherente con la forma poética que adopta: la del ejercicio. La forma muestra el contenido, siendo entonces la forma no algo exterior, sino algo que se tiene desde el inicio) así, un pensamiento que no privilegia una forma final, una forma en donde acaso ya no queda nada que pensar, pues ha alcanzado su determinación más estable y terminada. Un pensamiento que se muestra como ejercicio, como algo que todavía puede realizarse, un pensamiento potencial. Un pensamiento que no sea sino ejercicio de pensar.
La apuesta es por una escritura fenomenológica, o más bien fenomenográfica, que no busque únicamente la inteligibilidad de lo que se muestra sino que simplemente se muestre. Una escritura que muestre el pensamiento, el proceso del pensamiento, el acto, y cuyo máximo criterio sea el de la continuidad del ejercicio del pensar en el ejercicio de la escritura. No se trata de representación, sino más bien de una presentación contemporánea: de la simultaneidad entre pensar y escribir. Para nosotros el pensar no se anticipa al acto de la escritura; no está constituido y acabado el pensamiento, sino que el pensar es simultáneo a la escritura. Por ello no funciona bajo el esquema hilemórfico que presupone dos términos preexistentes. Por ello cuando uno escribe arriesga; uno o yo; mientras escribo esto me pierdo a mí “mismo”. Vemos entonces que el desarreglo entre pensar y escritura como materia y forma se reconcilia si ambos son tomados en su devenir, como un mismo edificio en una permanente obra negra. A Artaud este desarreglo le producía un vértigo excéntrico, un delirio hipocondríaco. Rivière le respondía diciéndole que la cura es simple: imponer a su pensamiento y su escritura una forma determinada. Pero el abismo del desarreglo entre conceptos e intuiciones se reconcilia si en ambas encontramos operaciones, la continuación de una misma operación. La resolución consiste en optar por la operación sobre la sustancia. La cura es mostrarle al señor Artaud que en realidad no existe enfermedad, que el desarreglo no es patológico. Si pensamos que el pensar se ejerce sólo bajo ciertas condiciones, tenemos entonces a un pensar anormal y enfermo: la imágen de un pensar impotente. Un pensar que solo puede ser ejercido a través de la negación: de las condiciones, de la persona, de los impulsos, del cuerpo. Si recuperamos a la escritura como ejercicio, recuperamos también una escritura no sólo potencial sino también potente: que devuelve potencia a la vida y al contexto del cual emerge esta escritura. Una escritura que exprese e incorpore las situaciones de las que emerge tanto ella misma como el pensar. Una escritura afirmativa para un pensar afirmativo. No se trata de ocultar las condiciones vitales de las cuales surge este pensar, sino de ponerlas en evidencia en la escritura. Se tiene en ocasiones tiempo de pensar, en otras no; se piensa en espacios pequeños, grandes, clandestinos o domésticos. Los pensamientos en algunos casos son confusos y dispersos, o son pensamientos entusiasmados y enamorados. A veces se piensa en solitario, o en conversaciones: acuerdos y controversias. Pues la escritura puede ser pausada o rápida; confusa, dispersa, entusiasmada y/o enamorada; un aparente monólogo o una falsa conversación.
Para esta escritura es necesario un cuaderno. Abandonar la revista y recuperar el cuaderno: el de la infancia, el de las recetas o el de las obscenidades. En el cuaderno se muestra el ejercicio de pensar, donde el único criterio es prolongar el ejercicio de escribir. No se escribe para una comunidad científica institucionalizada. Se escribe para pensar; o, mejor dicho, no se escribe para. Se escribe. El cuaderno es la escritura como proceso, es la escritura potencial. En el cuaderno la escritura no se hace mediante un sacrificio, sino afirmando y conservando eso que se tenía desde el inicio; (incluso el estilo en la escritura no sería algo a lo que se llega al final, después de perfeccionar una forma; sino algo que se posee desde el comienzo). No se le impone una forma acabada, solo se prolonga esa potencia en la escritura, pues en el cuaderno la forma nunca es la forma final. Es la forma que permite seguir escribiendo, que permite seguir pensando. Nosotros dimos el nombre de Hipertelia a este cuaderno porque la escritura no entra en relación con un fin; se quiere mostrar el desajuste y la excedencia entre la imposición de una forma actual a una potencia determinada. El sobrepasamiento de la potencia sobre el fin definido.
Escribir como hablamos, hablar como pensamos. El desarrollo técnico que ha permitido la externalización de la memoria sobre la escritura acontece en el horizonte técnico de la relación materia-forma. Contra este prejuicio técnico-hilemórfico es preciso restituir la transmisión entre hablar y pensar y escribir como continuidad de un mismo impulso que siempre está por hacerse. El proceso, desde el prejuicio técnico, se podría pensar como una toma de forma: como si del pensar a la oralidad y de la oralidad a la escritura el pensar tomara forma y fuese alcanzando progresivamente su constitución más definida y más acabada. De lo más diferenciado a lo menos diferenciado. Es decir, se piensa como un proceso hilemórfico o un proceso de realización: como si escribir consistiera en imponer una forma a un contenido pensado; (a este pensamiento que a su vez consiste en la imposición de una forma conceptual a una experiencia vivida). Nosotros queremos que pensar, hablar y escribir no sean sino la prolongación de una misma acción y un mismo ejercicio. Dar cuenta de cómo el pensar continua, se transforma y se ejerce en el habla y en la escritura. No se asegura nada en la escritura, sino que se toman riesgos: la escritura no asegura el recuerdo, no tiene la forma platónica de la perpetuación de un pasado inmutable; la escritura no entra en relación ni con lo sucedido ni con lo pensado; si existe acaso algo así como lo objetivamente sucedido entonces la escritura no lo conserva, sino lo traiciona. También el pensar se pone en riesgo puesto que la escritura lo prolonga, lo transgrede y lo transforma. El pensar mismo puede perderse en la escritura, o puede ganarse; y solo se gana cuando lo “pensado” se pierde. En la escritura está en juego el pensar porque el pensar y la escritura forman parte del mismo acto interminable: el riesgo del naufragio, del no-retorno, el riesgo de perderse a sí mismo da la experiencia del recorrido; solo es posible caminar a la deriva; el riesgo de la muerte que da a la vida su vitalidad.
Pero la escritura potencial, al hablar desde un punto indeterminado, apuesta tanto por la afirmación de la experiencia vivida, como por el encuentro con lo-él-la-le otrx. El encuentro colectivo, la comunidad, no surge con la identificación de una forma, sino de la carencia de una forma con la cual encontrarse. Por eso el encuentro comunitario es una asociación imprevisible. Comienza sobre lo indeterminado y se construye sobre lo inconcluso. El encuentro se hace sobre lo público que es anterior al individuo y a la forma universal. Lo público-indeterminado. Las ideas y el pensar que aparecen aquí han surgido de esos encuentros colectivos, de esos espacios públicos que habilitan el pensar: círculos de lectura, afinidades entre amigos, encuentros en las calles. La confesión que hace Diego en Episodios de la querencia vale para todos nosotros: “todas las palabras que he dicho, que puedo decir, me fueron prestadas por ustedes. Toda la vida mía real, pertenece a otros, se las debo y sin consentimiento.”Hipertelia es un cuaderno filosófico, un espacio digital de escritura donde los argumentos y conceptos explotan su potencia ensayística, dinámica y abierta. Lo que se busca es una escritura filosófica alternativa a la que se produce según las rígidas constricciones del formato académico, mas sin por ello pretender ignorar la dificultad y seriedad propias de todo auténtico ejercicio del pensar. Justo porque el compromiso es con el pensar, es preciso distanciarse un poco de la estructura escolar. Textualmente, Hipertelia busca captar ese breve intervalo en el que el pensar se vuelve escritura y la escritura despliega el pensar. Ese momento de excedencia —o, incluso, extrañamiento— entre la idea y el concepto, donde el pensar y la escritura no seccionan e identifican, sino que se realizan en su capacidad relacional y su potencia asociativa.
En Hipertelia el pensar aparece materializado en textos de temática heterogénea y formas diversas: traducción, comentario, reseña, con una inclinación fuerte y deliberada por el ensayo. La iniciativa del proyecto surge de la intención de tres diferentes voces —que han encontrado una intensa afinidad filosófica— por mantener un espacio de intercambio, diálogo y colaboración.